Un ictus, una hemorragia o un traumatismo pueden cambiar la vida de una persona de repente. Algunas consecuencias se ven enseguida, como la dificultad para caminar o hablar. Otras pueden tardar más en reconocerse: problemas de memoria o atención, cambios de carácter, dificultades para organizar las tareas del día a día o para controlar determinadas reacciones.
Con motivo del Día del Daño Cerebral, hablamos con Ana Martínez, neuropsicóloga de Fundación Hospitalarias Valencia, para entender qué ocurre después de una lesión cerebral y cómo la neuropsicología puede ayudar tanto a la persona afectada como a su familia.
Comprender qué ha cambiado
El daño cerebral no tiene únicamente consecuencias físicas. El cerebro interviene en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos y, por eso, una lesión puede afectar a aspectos muy diferentes de nuestra vida.
Desde neuropsicología valoramos esos cambios y, sobre todo, cómo repercuten en el día a día: si la persona puede mantener la atención, recordar una cita, organizar una tarea, controlar una reacción o reconocer cuándo necesita ayuda.
A partir de esta valoración, establecemos objetivos adaptados a cada persona y decidimos qué tipo de intervención puede ayudarle. Por un lado, mediante la rehabilitación cognitiva estimulamos o restauramos procesos alterados como la atención, la memoria, el lenguaje o las funciones ejecutivas. Cuando una dificultad persiste, entrenamos estrategias compensatorias para minimizar su impacto en la funcionalidad de la persona. Pero el trabajo no termina ahí: también intervenimos en la esfera conductual y emocional. Asimismo, acompañamos a la persona en la toma de conciencia de sus dificultades y trabajamos mano a mano con la familia.
«Entender qué ha cambiado es el primer paso para saber cómo podemos avanzar.»
Cuando la persona “ya no parece la misma”
Irritabilidad, apatía, impulsividad o dificultades para controlar las emociones pueden desconcertar especialmente a las familias.
Es importante entender que detrás de algunas de estas conductas puede estar la propia lesión cerebral. Comprenderlo ayuda a interpretar de otra manera determinadas reacciones y a encontrar estrategias para afrontarlas.
En este punto cobra especial importancia la intervención emocional y conductual, ya que nos permite acompañar a la persona en el manejo de la frustración, los cambios en el estado de ánimo, las alteraciones del comportamiento y la reestructuración de su proyecto de vida tras el daño cerebral.
Además, desde neuropsicología incluimos a la familia como una pieza más del equipo de rehabilitación: conocer qué ocurre en casa, explicar dificultades que no siempre son visibles y establecer pautas que puedan trasladarse a situaciones cotidianas forman también parte del proceso.
«El daño cerebral no afecta únicamente a una persona. La familia también necesita comprender, adaptarse y sentirse acompañada.»
Un trabajo coordinado
La neuropsicología cuenta con intervenciones propias, pero tiene también un papel transversal dentro de la neurorrehabilitación.
Cada profesional aborda objetivos diferentes, pero todos trabajamos con la misma persona. Por eso, la información sobre cómo comprende, piensa, siente o responde después de la lesión nos permite adaptar y coordinar también el trabajo de fisioterapia, logopedia o terapia ocupacional.
Por ejemplo, saber que una persona se distrae fácilmente o se fatiga puede ayudarnos a adaptar las instrucciones, reducir estímulos o incorporar pausas.
Avanzar también significa reconocer los pequeños logros
“¿Volverá a ser como antes?” es una de las preguntas más difíciles para las familias. No existe una respuesta igual para todos: cada lesión, cada persona y cada evolución son diferentes.
Planteamos la intervención mediante objetivos realistas y progresivos, combinando el trabajo sobre las funciones afectadas con estrategias que permitan trasladar los avances a la vida cotidiana. Recordar una rutina, utilizar de forma autónoma un recordatorio, controlar mejor una reacción, organizar una tarea o recuperar parte de la autonomía pueden ser logros muy importantes.
El proceso requiere tiempo, acompañamiento y una mirada que permita reconocer todo lo conseguido desde la lesión.

«Avanzar no siempre significa volver al punto de partida, sino descubrir hasta dónde puede llegar cada persona».
Para las familias que se enfrentan por primera vez a un daño cerebral, apoyarse en profesionales, plantear sus dudas y buscar los recursos disponibles puede ayudar a comprender mejor el proceso y encontrar nuevas formas de acompañar.


