Trabajo social en neurorrehabilitación, una brújula para las familias

¿Quién acompaña a una familia en la búsqueda de recursos y ayudas cuando existe una discapacidad ¿Quién les explica como acceder a ellos? ¿Quién escucha sin juzgar y guía con claridad? En la Fundación Hospitalarias Valencia, ese papel lo desempeña la figura de la trabajadora social, un perfil profesional muchas veces desconocido, pero esencial.

Ana Herrero, trabajadora social y coordinadora del área de Atención Temprana, conoce bien ese terreno: “Muchas veces somos la figura menos visible el puente que conecta a las familias con los recursos que necesitan, una guía y apoyo constante en ese proceso”.

 

Una labor discreta, pero indispensable

En el ámbito de la neurorrehabilitación, el trabajo social se convierte en una pieza clave del engranaje. Desde el primer contacto, Ana acompaña a las familias en todo el proceso: desde el asesoramiento inicial hasta la tramitación de la discapacidad, la dependencia, becas o ayudas específicas. También les orienta en temas como escolarización, acceso a prestaciones, conciliación familiar o derivación a otros servicios.

Todo esto ocurre en un momento especialmente sensible. “En el caso de los niños los diagnósticos o sospechas llegan cuando son muy pequeños, a veces con semanas de vida, mientras que en el caso de los adultos cuando ya tienen una vida formada y estructurada. Las familias no saben por dónde empezar. Ahí entramos nosotras, para explicar, contener, organizar y acompañar”, explica Ana. “Muchas familias tienen miedo al término ‘discapacidad’. Pero tener ese reconocimiento puede suponer el acceso a recursos que mejorarán su calidad de vida, desde becas hasta apoyos escolares, laborales, sociales…”

 

Más que tramitar, capacitar

El objetivo del trabajo social en este contexto no es solo resolver problemas, sino enseñar a las familias a gestionar sus propios recursos. “Nosotros no damos las soluciones, damos herramientas para que ellos aprendan a encontrarlas. Que sepan cómo hacerlo, con quién hablar, qué derechos tienen”, señala Ana.

Esto cobra especial importancia en casos de vulnerabilidad económica, barrera idiomática o desconocimiento del sistema. “Hay familias que ya cuentan con una situación previa complicada, con escasos o nulos recursos, sin red de apoyo… Tienes que saber reaccionar rápido, coordinarte con otras entidades, buscar soluciones”.

También es esencial el trabajo en red con otros profesionales: pediatras, orientadores, terapeutas, educadores, trabajadores sociales. Ana actúa como enlace entre sistemas que no siempre están bien coordinados. Y en esa intersección, su papel es fundamental para que los usuarios accedan a los apoyos que necesitan sin demoras ni obstáculos innecesarios.

 

El trabajo social también es emocional

Además de lo técnico, está lo humano. “Lo más bonito es el trato con las personas. Ver cómo llegan agobiadas, sin saber por dónde empezar, y cómo poco a poco se ordena todo. Cuando te dicen: ‘ya tengo todo resuelto, gracias a ti’, eso no tiene precio”, comparte Ana.

También hay retos. Uno de los principales es el reconocimiento de la profesión: no todos los centros cuentan con trabajadores sociales y su papel sigue siendo poco conocido “Ojalá estuviera en todos los equipos. Es necesario. Sin nuestra figura, muchas familias quedarían desprotegidas”.

 

Una brújula en el proceso

Ser trabajadora social en neurorrehabilitación implica tener conocimientos técnicos, habilidades emocionales y mucha empatía. Es acompañar sin invadir, asesorar sin imponer, y sostener sin reemplazar. Hacemos de brújula para las familias que inician un camino incierto y que, gracias a esta figura, lo recorren con más confianza, más claridad y más recursos.

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