Recuperar la autonomía tras un daño cerebral

El daño cerebral es una realidad que cada vez toca a más personas y familias. Detrás de cada caso hay una vida que cambia de un día para otro y un entorno que tiene que aprender a adaptarse. Para entender mejor esta situación y cómo afrontarla, hablamos con Irene Gurruchaga, directora de la Unidad de Daño Cerebral de Fundación Hospitalarias Valencia.

Un problema que crece

“El daño cerebral ha aumentado muchísimo en los últimos años”, nos cuenta Irene. Vivimos más, pero también vivimos peor en algunos aspectos: más obesidad, más sedentarismo, más estrés. A ello se suma otro hecho positivo pero complejo: Hoy la medicina salva muchas más vidas. Con la creación de los códigos ictus y la mejora de los protocolos de atención, la supervivencia tras un ictus es mayor que nunca. Sin embargo, eso significa también que hay más personas que van a necesitar rehabilitación”.

Más allá del ictus

Cuando hablamos de daño cerebral, la mayoría piensa en el ictus, que supone entre el 70 y el 80% de los casos. Pero hay más causas: traumatismos craneoencefálicos por accidentes, tumores cerebrales, paradas cardiorrespiratorias que provocan falta de oxígeno en el cerebro. 

El daño invisible

La imagen más conocida del daño cerebral es la de alguien en silla de ruedas o con dificultades para hablar o caminar. Sin embargo, las secuelas invisibles son muchas veces las más duras. Problemas de memoria, de atención, de conducta… Pacientes que pueden parecer autónomos, pero necesitan supervisión constante.
“Es el daño que no se ve”, recuerda Irene. Pero puede condicionar tanto o más que una dificultad física evidente”.

Rehabilitar vidas, no solo cerebros

En la Unidad de Daño Cerebral de Fundación Hospitalarias Valencia los tratamientos no se centran en la lesión, sino en la persona. Cada paciente llega con unas necesidades y un proyecto de vida distinto. “En la fase aguda trabajamos en recuperar todo lo posible. En fases más crónicas nos enfocamos en que la persona pueda vivir con la mayor calidad y dignidad en su día a día”.

Pero los retos son muchos: desigualdades debido a la dispersión poblacional y la variabilidad en el acceso a recursos…Y también la necesidad de que la atención sea transdisciplinar y humana, incluyendo no solo al equipo rehabilitador, sino también a la familia, al entorno social y laboral.

Prevenir y dar esperanza

La buena noticia es que hasta un 80% de los casos se pueden prevenir. Hábitos tan sencillos como cuidar la alimentación, mantenerse activos o evitar el tabaco y otras sustancias nocivas son clave en este aspecto. “La educación en salud debería empezar en los colegios”, insiste Irene.

Y, sobre todo, es importante que la sociedad sepa que la neurorrehabilitación existe. “Muchas personas piensan que, después de un ictus o un daño cerebral, ya no hay nada que hacer. Y no es verdad. Con una intervención adecuada y a tiempo se puede recuperar muchísima independencia y calidad de vida”.

En Fundación Hospitalarias Valencia acompañamos cada día a pacientes y familias en este camino. Consideramos el daño cerebral no solo como una lesión médica sino como un cambio vital. Y nuestra misión es que ese cambio se viva con esperanza y sintiéndose en todo momento acompañados.

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