En Fundación Hospitalarias Valencia celebramos diciembre con una mirada especial: la que nace del voluntariado y de todas las personas que hacen posible que la hospitalidad siga siendo una realidad diaria. Su colaboración aporta un valor añadido que transforma la atención, la humaniza y la llena de pequeños gestos que alivian, acompañan y sostienen.

Compartimos dos historias que iluminan este día: las de Mª Ángeles Blázquez y Laura Portalés, dos mujeres que pasaron por un ictus y un aneurisma cerebral, y que, con esfuerzo, rehabilitación y acompañamiento, reconstruyeron su vida paso a paso. Aquí recuperaron capacidades, pero también algo igual de valioso: la calma, la ilusión y la confianza.
Hoy, cerrando un ciclo, vuelven a la Fundación desde un lugar profundamente significativo: como voluntarias, acompañando a otras personas que empiezan el mismo camino que ellas un día recorrieron. Su presencia es un ejemplo claro de que la rehabilitación no es solo terapia: es comunidad, es hospitalidad, es humanidad compartida.
Un hilo invisible: del proceso personal al compromiso con otros
Las experiencias de Mª Ángeles y Laura reflejan la esencia del voluntariado en la Fundación Hospitalarias Valencia: lo que una persona recibe en su proceso puede convertirse después en apoyo para otros, y esa cadena de acompañamiento es precisamente lo que sostiene el servicio de voluntariado
Desde allí se promueven iniciativas de acompañamiento para que nadie tenga que afrontar la vulnerabilidad en sociedad. Acciones como: acompañamiento individual; paseos y salidas al exterior; actividades de ocio dentro y fuera del centro, talleres y actividades junto con profesionales, participación en la AER, grupos de apoyo en la Unidad de Daño Cerebral, actividades extraordinarias lideradas por Alicia Sanahuja, coordinadora del área de voluntariado, un entramado de gestos sencillos que hacen que cada día sea más humano.
Como explica Alicia: “Los voluntarios aportan un plus de humanización a la asistencia y al proceso terapéutico. Llegan allí donde, a veces, el profesional no consigue llegar.”

Sus testimonios: la fuerza de un camino compartido
· Mª Ángeles: “Desde el primer día sentí que estaba en casa. En Fundación Hospitalarias Valencia te acogen como en familia, y eso te da una paz increíble. Volver ahora como voluntaria es mi forma de devolver lo que recibí.”
· Laura: “No soy la misma de antes: soy mejor. He aprendido a valorar lo sencillo.
Hoy devuelvo apoyo y esperanza.”
El voluntariado que conecta historias

Las experiencias de Mª Ángeles y Laura no están solas: forman parte de un tejido más amplio que impulsa la Fundación, donde el voluntariado, la cooperación y los proyectos sociales se unen para transformar vidas.
El voluntariado es tan diverso como valioso. Conviven jóvenes menores de 25 años con personas adultas de entre 45 y más de 80 años. Algunas han sido vecinas del barrio toda la vida; otras conocieron la Fundación como familiares; otras llegaron derivadas de entidades colaboradoras; e incluso hay expacientes de la UDC que desean seguir vinculados compartiendo su experiencia.
Todas aportan algo único: tiempo, escucha, ilusión, experiencia, creatividad, y sobre todo, una actitud positiva que enriquece nuestro proyecto común.
Quien decide ser voluntario no llega solo: es acompañado desde el primer día. Tras la entrevista inicial, se ofrece una acogida cálida y cercana, y la coordinadora de voluntariado realiza un seguimiento individual y grupal para facilitar la adaptación.
Profesionales como la educadora social, la terapeuta ocupacional, la responsable de Atención Espiritual y Religiosa y Solidaridad y el equipo de la UDC colaboran activamente en este proceso, asegurando que la experiencia sea enriquecedora, respetuosa y plenamente integrada en la vida del centro.
Una historia que nos acompaña siempre
Entre las muchas historias que guardamos, hay una que permanece en la memoria colectiva: la de Ángel. A pesar de estar muy enfermo, continuaba viniendo cada viernes a impartir su taller de Cultura Valenciana, que preparaba con dedicación y entusiasmo. Su compromiso, su gratitud y su alegría siguen siendo un ejemplo para toda la comunidad hospitalaria. Dejó de colaborar dos meses antes de fallecer, pero su legado continúa inspirando.
Gracias por hacer que la hospitalidad siga viva cada día
A Mª Ángeles y Laura, gracias por demostrar que la esperanza también se contagia.
A Alicia y al servicio de Voluntariado, por tejer cercanía donde más se necesita.
Y a todas las personas voluntarias de Fundación Hospitalarias Valencia: gracias por acompañar, escuchar, animar y sostener. Seguimos construyendo caminos de humanidad compartida.



